sábado, 20 de diciembre de 2008

Mirá quién es Revelación 2008, en “Ñ”!!!‏


Vamos, vamos, vamos... Vamos, Leo, que ganamos... Vamos, vamos, vamos!!”... Y así...

Me pongo futbolero (sabido es que jamás lo soy), para festejar y felicitar al grandioso (no exagero) escritor Leonardo Oyola, que fue elegido, como ven en la imagen adjunta, Revelación 2008 por la revista “Ñ” (la revista de cultura de Clarín).

Terminados los finales, el lunes rindo el último, prometo artículos individuales sobre “Santería” y “Hacé que la noche venga”, sus dos novelas publicadas acá en la Argentina (porque “Chamamé” y “Gólgota” sólo están, por ahora, en España). Respecto de Siete & el Tigre Harapiento”, la 1ra, de 2004, la que ganó la 3ra mención del Premio Clarín de Novela, ya tuvo su artículo correspondiente, en su momento.

Reitero mis felicitaciones al Tigre Oyola.

Sos un GRANDE, Leo, TE admiro, un abrazo!


Mat Elefzerakis

miércoles, 10 de diciembre de 2008

¿Qué tenés en la cabeza?




Cierre de ciclos literarios 2008 o La noche de las lecturas.

En la ciudad de Buenos Aires hay más de cuarenta ciclos literarios hechos por la voluntad de personas que se toman el trabajo de organizarlos y por la del público que elige asistir. Estos ciclos tienen en común tres palabras: público + organizadores + literatura.
Y los eventos que se generan son de todo tipo. Hay de los que toman agua mineral y tosen; que se emborrachan y no se les entiende; que incluyen música en vivo, teatro, performance; que incluyen entrevistas; que leen; que cuentan; que discuten; que tienen autoras y autores consagrados o que no los va a ver ni la novia, que no los lee ni el novio, que se hacen en bibliotecas, en museos o en centros culturales; en bares, esquinas, boliches, casas; que son de poesía, cuento o novela; que son gratis; que cobran; que son divertidos; que no.
Son ciclos literarios, hechos para que escritores y lectores se junten, se conozcan, se escuchen, se mezclen, para que no sean siempre los mismos libros los que circulan, para que también se vendan y se lean los que las librerías no exhiben, para que se caigan las barreras, los prejuicios, la invisibilidad.
Por todo esto, y porque nos gusta festejar un año de encuentros, decidimos juntarnos a celebrar y darnos abrazos. El martes 16 de diciembre, desde las 19 hs., estaremos en el Centro Cultural ZAS (Moreno 2320, Balvanera), compartiendo la fiesta que pudimos construir. Ojalá vengan y se sientan parte.

viernes, 5 de diciembre de 2008

1er artículo de Revolucionariamente!!



IMAGINE, de John Lennon, y el rol docente”, por Mat Elefzerakis, artículo inaugural de


http://revolucionariamente.blogspot.com/



martes, 5 de agosto de 2008

“Volvedor”, de Abelardo Castillo



A Julio Cortázar
y a usted, Borges,
y perdón si los salpiqué.

I

El oficio de guapo es un oficio como cualquier otro. El coraje, ahora lo sé, tiene la paciencia larga; necesita práctica. Hay que adiestrarse en la mirada torva, ladina, en el gesto pausado, en el áspero monosílabo hecho de ambigüedad y amenaza para llegar con exactitud, si la Virgen lo permite (porque la destreza de la mano depende, en la mitad de los casos, de un secreto favor suyo), para llegar, repito, a la decisiva matemática de dos puñaladas en un boliche o un patio.
Esto lo sé porque yo soy Evaristo Garay. Antes, cuando me daba por la literatura, cuando era pálido y usaba anteojos gruesos, de carey negro, y leía a lord Dunsany, me llamaba de otro modo. Y muchos me han visto discutiendo de carburadores y metempsicosis en La Biela Fundida, en Palermo, o sentado en la Jockey frente a un mazagrán, asegurando que Borges –con licencia– nunca vio un orillero de verdad ni en foto, pero escribir, escribe lindo. Estaba diciendo, digo, que ahora me llamo Evaristo Garay, el que supo sen-tarlo de un planazo al comisario Bozzano en la casa de baile de María Sosa, allá en San Pedro; el mismo Evaristo Garay que ahora se juntó para siempre con la Rosario; yo (devoto de la Virgen de Pompeya), que anoche, en el almacén de Barbieri, maté de tres balazos en la cabeza al chino Aldazábal.
Todo empezó cuando el último verano caí desprevenida-mente por Baradero y pregunté en un boliche de la costa si nadie conocía al chino:
–Busco al chino Aldazábal –dije, limpiándome los anteojos.
Siempre que estoy nervioso me limpio los anteojos, esto lo se. Lo que no sé es por qué dije que buscaba al chino. En realidad yo venía a preguntar por un tal González y, aunque al principio me pareció lo mismo, después supe que no, que no era lo mismo. Porque yo, de entrada nomás, llegué y pregunté por Aldazábal.
El patrón me miró. Era un tipo impresionante; sus hombros, enormes, asomaban detrás del mostrador como dos moles; en el medio, rapada y poderosa, había una cabeza. Se quedó mirándome y después que se le fue el sueño levantó una ceja.
Si yo me hubiera ido entonces, antes que levantara la otra ceja, no habría pasado nada; pero yo no me fui y el monstruo, sor-prendido, levantó la otra ceja. Sorprendido o asustado. O contento. Después abrió la boca y se enojó con mi madre. Pero no se enojó: lo dijo como si yo acabara de hacerle una secreta broma y él la estuviera festejando. A su modo, claro. Luego, abrazándome por encima del mostrador, me juró que los años no pasaban para mí, para Evaristo Garay, que él sabía que yo iba a volver aunque Aldazábal hubiera dicho que me balearon en la frontera, y que nunca me habría reconocido con esas ropas de cajetilla, a no ser –según aseguró– por esta pinta de rufián que Dios me ha dado, y que Barbieri no se olvida de los amigos.
Ya he dicho que en ese entonces yo era algo literato; por lo tanto, nunca fui demasiado original. De inmediato pensé: sueño. Pero los brazos de Barbieri, fraternal y peligrosamente me demostraron que no, que no era un sueño. Más tarde supe que era algo mucho más vertiginoso que un sueño, pero, por el momento, sólo sentía que el gigante me estaba haciendo mal en la espalda. En la cicatriz esa que tengo en la espalda.
–Ellos cruzaron a Gualeguaychú –dijo después–. Fue-ron a traer la medicina.
Y se rió. Yo también me reí; esto, al menos, lo entendía: la medicina eran drogas. Yo había venido al bajo justamente por eso. Estaba escribiendo una nota con contrabandistas, subprefectura y moraleja social. Necesitaba documentarme. El comisario de San Pedro me había dicho que, en la ribera de Baradero, un tal González –el chajá, que le decían– "operaba en esos chimisturrios", que si me animaba, fuera: él, lo más que podía hacer era prestarme un vigilante. Yo dije gracias y acá estaba. Y ya había decidido volverme cuando sucedieron dos cosas: el gigante que me alcanza un vaso de ginebra; yo, desprevenido, que me la tomo quién sabe por qué, por darme ánimos tal vez, y una puerta que se abre, arriba, en el remate de la escalera.
–Mira –dijo Barbieri.
Miré y la vi por primera vez; era la Rosario. La Rosario que en seguida me reconoció y dijo vos acá, Evaristo, y me miraba tierna, tan tierna que yo, a causa de la ginebra y de esa ternura, dije que sí, que estaba ahí, de vuelta. Y antes de que pudiera agregar nada, ella se encerró en la pieza, como si fuera a llorar.
El patrón seguía sonriendo; me alcanzó otra ginebra y se quedó estudiándome. No sé si por taparme la cara (porque ahora yo no quería explicar nada) o porque la ginebra, aunque marea, siempre me gustó, me llevé el vaso a la boca y me lo tomé. Me asombró un poco mi propia voz:
–¿Cuándo vuelven?
Él dijo que tenían lo menos para dos meses. Después dijo:
–Que alegrón –y el aumentativo, con el tono en que fue dicho, resultaba una intencionada, amenazante paradoja se va a pegar el chino cuando te vea.
Si esas palabras me sonaron extrañas, no lo fueron mucho más que las mías.
–Sí –dije–. Qué alegrón.
Tal vez se trataba de que Aldazábal, al verme, se iba a enterar de que yo no era el que parecía; pero no sé por qué se me ocurrió que el otro podía alegrarse de eso.
Usted, en cambio, sí lo hubiera sabido, Evaristo Garay.
Barbieri estaba diciendo:
–La Rosario también parece contenta. Levantó la vista; yo también. La puerta de la pieza, arriba, había quedado entreabierta.
–Y, ¿no vas a subir a verla?
Entonces, al mirar hacia arriba, fue cuando me acomodé el pantalón. Me lo acomodé a dos manos, metiendo los pulgares en el cinto.
–¿Y pa qué te crees vos que volví? –me oí decir.
El "pa" me salió solo; el tono, el gesto, me salieron solos. Después estaba arriba y, aunque no soy hombre de ventajear a nadie y menos trampeando a una mujer como aquélla, como la Rosario, la tumbé sobre la cama y me convencí de que ése era mi sitio, que todo venía de muy lejos, de antes, cuando Aldazábal y yo, pelean-do en yunta, nos jugábamos por esta morocha en La Colorada y en yunta la alzamos del baile, y él, porque le correspondía, se quedó con ella, esta morocha que ahora me estaba diciendo entre lágrimas, nunca creí que te hubieran muerto en la frontera ya sabía que a vos nadies, y después no habló más y al mucho rato se me quedó dormida entre los brazos, alborotando la almohada con sus crenchas negras.

II

Mi memoria suele ocasionarme disgustos. Generalmente re-tengo –o invento– detalles nimios, imágenes aisladas, un gesto a veces o una palabra, y se me escapan sin remedio los hechos históricos. Será por eso que de toda la primera semana que pasé en el bajo (porque me quedé, Evaristo Garay, y usted me miraba desde los espejos, aprobando mi espera), sólo recuerdo algún áspero trago de caña, que a lo mejor fue el que me hizo perder el miedo, y recuerdo que empezó a dolerme la cicatriz esa que tengo en la espalda –la que me hice en la rotonda de Palermo, una noche, con la moto– y pensé la humedad o el cansancio. También evoco una manera de caminar que me gustó, y la sensación, que no me gustó, de estar haciéndole una porquería a alguien. Esos días anduve mucho, vi, pregunté y aprendí mucho. Me pareció que Aldazábal no se iba a alegrar ni medio cuando volviera de Gualeguaychú (por dos motivos, claro, pero yo entonces sólo conocía uno), no se iba a alegrar de verme ni de que me confundieran con Evaristo Garay, a quien el chino siempre quiso como a un hermano, más que a un hermano, como tampoco se iba a alegrar mucho si alguien lo ponía al tanto de lo que estaba pasando allá arriba, en la pieza de la Rosario. Por eso digo lo de sentir que estaba haciendo una porquería, máxime cuando supe que la parda siempre le había jugado limpio al chino, menos esta vez, cuando yo vine al bajo a terminar cierto asunto que empezó una noche de 1957, en la frontera, noche en que la policía se apareció de golpe allá adelante, entre los juncos, y Evaristo sintió un estruendo a su espalda y cuando quiso sacar el cuchillo ya tenía la boca llena de barro.
De modo que me quedé. Al principio me quedé por la Rosario. Después debí de tener otros motivos porque una noche ella me dijo "Vámosnos, Evaristo" y yo le dije que no. Todavía no, le dije, y a lo mejor era que pensaba irme solo, antes que pasara alguna cosa grande, o a lo mejor quise quedarme porque seguía con la idea de escribir mi artículo con moraleja, o vaya a saber. La cosa es que me quedé. Y supe que la historia del chino Aldazábal, la parda y Evaristo, en todo caso, ya estaba escrita. No resultaba ni más equívoca ni menos matrera que aquella otra, venerable, compilada por un escriba del Faraón, hace treinta siglos, historia que acaso leyó Moisés y en la que hay una mujer que es malvada y miente y un hermano espera a otro detrás de una puerta, con un hacha.
En esta que yo me sé el triángulo es ribereño pero igual de confuso, sólo que la mujer no es mala y que Evaristo no era hermano de Aldazábal, sino su casi hermano, su mejor amigo, por lo menos mientras lo fue.
Según me contó la gente del bajo (o debo escribir me recordó, pues todos los relatos empezaban "te acordás, Garay"), parece que Evaristo y Aldazábal solían pelear juntos, desde muchachos. Me salteo homicidios menores, y digo aquél del baile en La Colorada, que, si no me han mentido, se llamó así después del estropicio, por la sangre que anduvo por el piso aquella noche:
Evaristo estaba recostado en el mostrador, mirando. Su casi hermano, prendido como chuncaco, bailaba con la muchacha, una morocha nuevita y asustada que (aunque aún no lo sabían) se llamaba Rosario y estaba destinada a que acontecieran planazos donde ella metía sus ojos azules, raros, medio grises. Usted la miraba, Evaristo Garay.
Entonces apareció un grandote y le tocó la espalda al chino. Tenía voz de mamado cuando habló:
–No se pegue, que no es dulce –dijo. Aldazábal, sin darse vuelta, dejó de bailar; después, arreglándose el pelo detrás de la oreja, preguntó:
–¿Bastonero, el hombre?
La música se cortó de golpe; un acordeonista ya metía la mano por atrás, a la altura de la faja. Los ojos de Aldazábal y su hermano se encontraron. Yo, que escribo esto porque alguien me lo contó, recuerdo esa mirada. El grandote dijo:
–Bastonero no: sampedrino.
Y los mirones (menos Evaristo, que seguía apoyado en el mostrador, aunque un poco más cerca de la puerta) empezaron a arrimarse, y había manos con brillo a fierro. Porque ser sampedrino quería decir ser guapo, y Aldazábal, en ese momento, pudo decir que también lo era y aquí no ha pasado nada. Pero Aldazábal –yo lo sé– nunca fue hombre de arreglar las cosas con conversación. Dijo pior pa usté y le ordenó a la chica:
–Vaya, espéreme afuera: dos tordillos hay. Vaya, le digo.
La dejaron irse; el grandote también, porque una mujer estorba. Al pasar junto a Evaristo, ella tenía una cara de susto que le gustó al hombre. Sin apuro, Evaristo le preguntó:
–El grandote, ¿cómo se llama? Ella se lo dijo.
Y antes de que la cancha se cerrara en torno de Aldazábal, una voz autoritaria, desde la puerta, pegó el grito:
–¡Lisandro!
La distracción del grandote, de Lisandro, duró un segundo. Después estaba boca abajo sobre la pista de tierra, con un tajo del ombligo al esternón. Lo que siguió también fue breve.
1 Almacén y villa en los alrededores de San Pedro, cercana de aquella llamada Los Dos Machos, cuyo nombre remite al truco y, quizá, también a los protagonistas de esta historia.
Evaristo abrió cancha desde atrás, a los gritos, atropellando a los que se daban vuelta; Aldazábal encaró de punta. En el medio se juntaron, espalda con espalda buscando la puerta. Y a partir de ese momento, el boliche empezó a llamarse La Colorada.
Rosario los esperaba afuera, azarosamente junto al tordillo de Evaristo, quien de un salto se la llevó en ancas. Y allá salieron los tres, delante de la polvareda.
En la disparada, Evaristo sentía las uñas de la parda, cla-vadas en su cuerpo. Y era lindo. Pero fue la única vez que las sintió, porque la muchacha era del chino, de su casi hermano; por más que él, Evaristo Garay, se acordaba de aquella disparada cada vez que lo veía entrar al chino en la pieza de arriba. Y no quería acordarse. Después la historia se entreveraba. Se entreveró del todo, el día que Evaristo se dio cuenta de que la mujer no lo quería al chino, que a él lo quería. Desde que le sentí las uñas supe que ella me quería.

III

No sé si dije que a partir de la primera semana empezó a pasárseme el miedo. Natural. Yo pensaba desaparecer, con la mu-chacha o sin ella –más bien creo que sin ella–, unos días antes de que la gente volviera del Gualeguaychú. Además sentía que en aquel sitio yo estaba tan seguro como en la Jockey, y bastan-te más que en La Biela (que fue allí en la rotonda donde casi me mato una noche, la noche del 5 de enero del 57, y de allí me quedó, como regalo de Reyes, la cicatriz que tengo en la espalda), y digo que me sentía seguro porque, según vi, a Evaristo lo temían. Lo respetaban. Y yo no podía dudar de que me parecía increíble-mente al taita; no tanto porque todos en la costa me miraban de reojo, como si mi presencia anticipara catástrofes, sino por la Rosario: la morocha no era de desconocer así nomás a su hombre, aunque nunca hubiera podido entregársele antes. Me enteré de que Evaristo y ella no tuvieron tiempo de hacer lo que Dios manda, del mismo modo que me enteré de toda la historia, o de casi toda: astuta y pacientemente, con preguntas furtivas, por casualidad. Y por otros medios, menos fáciles de explicar. Al principio creí que mis preguntas obedecían a reflejos literarios; después, no sé. De todos modos, había una parte en las peripecias de Evaristo Garay que no estaba clara: la parte de la frontera. Por supuesto, yo, sobre este punto, no podía preguntar nada; no podía, es claro, andar preguntando:
–¿Cómo fue que me mató la policía?
Por cosas dispersas que me contó Barbieri, entendí que Aldazábal nunca fue ajeno a lo que había estado ocurriendo. Una no-che sobrevino este diálogo:
–Estás metido con la parda –y la voz del chino no tenía inflexión de pregunta; Evaristo dijo que sí y ésa fue la única vez que Aldazábal lo miró feo–. Yo me la alcé pa mí –dijo.
Barbieri no escuchó más porque entonces apareció el chajá González y anunció mañana tenemos que cruzar, y el resto, como digo, lo supe por boca de la Rosario, quien a su vez lo escuchó del chino. Su versión se contradice un poco con la de Barbieri. Parece que la noche del 5 de enero era Evaristo quien tenía la mirada torcida.
Me imagino su voz:
–Que ella elija.
Aldazábal dijo está bien. Dijo que dijo: está bien hermano. Y ese gesto le había llegado hondo a la Rosario. Será por eso que, cuando me enteré, estuve a punto de perderle el respeto, Evaristo Garay. Porque usted se aprovechó de la aflojada y lo ofendió al chino:
–Y ahora déjame solo –le dijo.
Todo esto ocurrió la noche de Reyes del 57, en la frontera. Y al rato el chajá González gritó: la policía. Y empezaron los tiros. Cuando la gente llegó a la lancha, Evaristo Garay no estaba. Se había quedado allá, muerto por la policía. Bien muerto. De cara al barro.

IV

Creo que voy a terminar pronto; la Rosario está inquieta y en estos casos lo mejor es irse antes de las averiguaciones y el sumario. Al empezar ya expliqué lo que le pasó en la cabeza al chino Aldazábal; ahora quiero contar por qué.
El tiempo que viví en el almacén de Barbieri –también ya lo expliqué– me enseñó muchas cosas: entre otras, que el coraje es subjetivo. Mirando a la gente ilegal reeduqué mis reflejos y empecé a olvidarme de citar correctamente a Virgilio. Me dieron ropas amenazantes, que fueron de Evaristo Garay, y la Rosario me prendió al cuello una medalla con la Virgen de Pompeya. En eso estaba cuan-do se quedó mirándome:
–Llévame con vos –dijo.
Yo nunca tuve predilección por morir en manos de un contrabandista, sin embargo dije que tenía que esperarlo. Tal vez cuando la Rosario me pidió por primera vez que me la alzara, todavía estaba a tiempo. Ahora no podía irme.
–Te voy a llevar –dije–; pero antes tengo que esperarlo.
Bajé al boliche.
–Dame un cuchillo, Barbieri.
El grandote me miró; entonces cambié de idea:
–No. Mejor dame un revólver.
Después volví a subir y estuve un rato ante el espejo; pese a todo la imagen que veía no era absurda. Usted me miraba, Evaristo Garay.
–Vámosnos –insistió la Rosario.
Yo le dije mejor que te estés quieta. Después dije:
–Hace calor.
Y me saqué la camisa. Entonces la Rosario me vio la cicatriz esa que tengo en la espalda y dijo cómo te hicieron esto. Evaristo, y yo casi le cuento lo de la rotonda, cuando, de gol-pe, me acordé de todo. Me acordé cuando Evaristo, la noche de Reyes, en la frontera, dijo: Que ella elija. Y Aldazábal le contestó: Esto no se arregla con conversación, hermano. Y el chajá gritó la policía y empezó el barullo, y Evaristo se dispuso a pelear como cuando eran muchachos, como siempre, y fue entonces que sintió aquel balazo trapero, en la espalda, y cuando se dio vuelta con el cuchillo en la mano ya tenía otro tiro quemándole las costillas y el último fue cuando cayó de cara al barro como un perro.
La Rosario preguntaba:
–¿Quién te hizo esto, Evaristo? Dije:
–Ya te vas a dar cuenta.
Por eso me quedé. Y por eso, anoche, cuando la gente volvió del Gualeguaychú yo estaba parado en lo alto de la escalera, con el revólver en la mano. Y cuando el chajá me reconoció y se vino derecho a abrazarme, yo le grité:
–¡Abrite!
Y por eso él se abrió, y Aldazábal se quedó mirándome, como a un fantasma, mirándome a mí, a Evaristo Garay. Y por eso lo bajé de tres tiros en la cabeza.


“Volvedor”, de Abelardo Castillo

*****

Imagen: CARLOS FERREYRA, Milonga de Calandria - óleo s/tela - 149 x 194



lunes, 21 de julio de 2008

Karl Marx: “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política”


Resumen de

Karl Marx:

“Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política”

(1859)

Tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de “sociedad civil”, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política.

En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en un a palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.


Mat Elefzerakis

sábado, 12 de julio de 2008

“Evolución humana” , de Roger Lewin

Resumen de “Evolución humana”, de Roger Lewin


Evolución humana (Roger Lewin)

Capítulo 4: La moderna historia evolutiva

La idea de designio, que en biología natural era considerada como una evidencia de la mano de Dios, fue sustituida por el concepto de adaptación, los organismos se adecuan a su ambiente mediante procesos naturales. El concepto de selección natural: 1ro, dentro de una población existe variación fenotípica heredable; 2do, de dicha variación se produce un diferencial de éxito reproductor. Cualquier pequeña ventaja hereditaria, hará que éste vea aumentada su representación en la generación siguiente. Variación y selección, un proceso de 2 etapas. Darwin consideraba la selección natural como un proceso creativo, que produce la adaptación paso a paso. La evolución no tiene propósito, no tiene principio inspirador. La vida no presenta un carácter progresivo inherente hacia una mayor perfección. A comienzos del s XX nació la ciencia genética, puso énfasis en la fuerza de la mutación para dirigir el cambio evolutivo, mientras la selección desechaba lo inadecuado. El neodarwinismo selección sobre la variación genética, fenotípica, dentro de la población, competición por la disponibilidad de recursos, por el apareamiento, conduce al éxito reproductivo de algunas variantes. Las frecuencias génicas pueden cambiar a lo largo del tiempo en el seno de una población. Equilibrio puntuado, Gould: El cambio continuo, gradual, había sido la excepción y no la regla. Los cambios se habían concentrado en breves períodos geológicos de tiempo, mientras que las especial habrían permanecido inalteradas la mayor parte de su existencia. Los neodarwinistas destacan la fuerza de la selección natural para producir adaptaciones a través de cambios graduales. Los puntuacionistas enfatizan las limitaciones del cambio. Específicamente, aún y acentuando la función fundamental de la selección natural, los puntuacionistas ponían de manifiesto que las rutas de la selección están limitadas por la morfología heredada. Los cambios morfológicos en una parte del cuerpo generan otros en otras partes, que no tienen relación con la adaptación. Neotenia: enlentesimiento del desarrollo embrionario, prolongación del período de crecimiento. Evolución del hombre a partir de los simios. Equilibrio puntuado, los cambios evolutivos están concentrados en breves períodos geológicos de tiempo y en poblaciones periféricas, pequeñas. Génesis de nuevas especies. 2 posibilidades. 1, la evolución filética, hipótesis gradualista, darwiniana. Una especie se va transformando a lo lardo del tiempo, haciéndose tan diferente que es nueva, al tiempo que la ancestral se ha extinguido. 2, la especiación, hipótesis puntuacionista. Una subpoblación se separa de la población ancestral y cambia lo suficiente para transformarse en una nueva, la ancestral continúa existiendo. En la especiación se produce una ramificación, terminan existiendo 2 especies donde antes había una. Las poblaciones pequeñas pueden dar lugar a nuevas especies debido a su aislamiento, experimentando cambios rápidos.

Capítulo 9: La herencia primate

El homo sapiens es 1 de las 185 especies que integran el orden de los primates. Cada especie hereda un conjunto de rasgos anatómicos y de conducta que caracteriza como un todo, pero cada especie es única, el resultado de su propia historia evolutiva. 4 grupos de Modernos Primates: 1, los prosimios, 2, los monos del Nuevo Mundo, 3, los monos del Viejo Mundo, 4, los hominoides o antropoides (simios antropomorfos y humanos). Los primates son animales arbóreos de los trópicos, de la selva lluviosa tropical. El andar erguido, inteligencia y sensibilidad, son factores en común con los demás primates. Pulgares oponibles en manos y pies, capacidad de asir. Uñas en lugar de garras, yemas anchas y acanaladas, previene resbalones y aumenta la sensibilidad táctil. Locomoción, dominada por los cuartos traseros, saltos y desplazamientos verticales, marcha cuadrúpeda y de braquiación. En centro de gravedad del cuerpo se encuentra cerca de las extremidades posteriores, lo que procese la marcha diagonal. La visión está muy desarrollada, el olfato disminuido. Ambos ojos emplazados en la parte frontal de la cabeza, visión estereoscópica mucho mayor que otros mamíferos. Visión del color. Acortamiento del hocico, reducción del nro de dientes incisivos y premolares. Desarrollo de la visión, aumento cerebral, también, mayor inteligencia. Los animales con cerebros + grandes con respecto al tamaño corporal tienden a tener una mayor longevidad y un menor potencial reproductivo. La edad de maduración sexual es avanzada y los intervalos entre crías consecutivas largos. Los primates están adaptados a un ritmo reproductor lento. Cuando los homínidos comenzaron a fabricar herramientas de piedra no estaban “inventando cultura”, sino aplicando las destrezas manipulativas de los primates. La generosa encefalización del homo sapiens es otra extensión de otro rasgo primate. El origen de los antropoides debería situarse entre hace 35 y 50 millones de años.

Capítulo 14: Los precursores de los homínidos

El linaje humano se originó entre hace 10 o 5 millones de años. Incremento del tamaño corporal. Incremento del tamaño cerebral entre los catarrinos, en comparación con los prosimios. El nicho adaptativo se ensancha: capacidad de trepar, terrestrialidad, alimentación folívora (hojas). Se considera que el Aegyptopitecus, de 35 millones de años, de Fayum, pueda ser la cepa antes de la divergencia entre antropoides del Viejo y del Nuevo Mundo. Dimorfismo: mayor tamaño de los machos. 18 millones de años: Procónsul, frugívoro y dimorfo, convivió con los primeros monos del Viejo Mundo. Tiene una mezcla de características anatómicas entre mono y simio en lo que respecta a locomoción, combinación de la marcha y el salto. África se volvió a juntar con Eurasia. Las evidencias procedentes de la biología molecular implican que los homínidos se originaron hace 5 millones de años, y no hace 15.

Capítulo 15: El origen del bipedismo

Lo inusual del bipedismo hace que se lo considere ineficaz, se buscan explicaciones humanas para su origen. Bipedismo para liberar las manos. La evolución humana es considerada en torno a 4 adaptaciones en relación con lo homínido: 1, marcha erguida. 2, reducción de dientes anteriores y aumento de los molares. 3, elaboración de la cultura material. 4, incremento significativo de la capacidad cerebral. Talas innovaciones ocurrieron en intervalos separados a lo largo de la evolución de los homínidos. Construcción de herramientas, coincidente con la expansión del cerebro, hace 2,5 millones de años. Australopitecus afarensis, origen del linaje homínido, 6,5 a 3 millones de años. La anatomía del chimpancé, con su andar balanceante, es un compromiso entre una adaptación para trepar y la terrestrialidad (marcha sobre nudillos). Adaptaciones anatómicas subyacentes al bipedismo: parte inferior de la columna vertebral curvada. Pelvis + corta y ancha y fémur inclinado asistido por una musculatura reorganizada. Extremidades inferiores + largas y con zonas articulares + amplias; articulación de la rodilla extensible y un pie como plataforma con un dedo gordo ampliado y paralelo al resto. La transformación desde el cuadrupedismo al bipedismo no fue un cambio drástico. La postura humana erguida no es una adquisición homínida única, sino una antigua tendencia evolutiva primate. La dieta homínida continuó siendo predominantemente vegetal hasta hace unos 1,5 millones de años, aparición del homo erectus. Otra explicación al bipedismo, mayor visión para detectar depredadores. Mayor posibilidad de alerta, cambio en la dieta, basada en semillas, y transporte de cosas. Hipótesis del “hombre cazador” y la “mujer recolectora” (feminismo, ’70). Las plantas y no la carne fueron el principal alimento y el centro de las innovaciones tecnológicas y nuevas conductas sociales. Lazos entre las hembras y sus crías. Machos periféricos. Durante el forrajeo, las hembras recorrían grandes distancias, utilizaban herramientas de madera para obtener alimentos subterráneos y transportaban alimentos y crías, de ahí la importancia del bipedismo. Otra hipótesis moderna relativa a la necesidad de transportar cosas es la del “hombre aprovisionador”: el macho recolectaba alimentos y volvía con él al campamento base, compartiendo con hembras y crías, en especial con “su” hembra y sus crías. Otra hipótesis, el bipedismo no como un cambio en la dieta o en la estructura social, sino simplemente como resultado de un cambio en la distribución de los recursos dietéticos, la continua explotación exigía un nuevo modo de locomoción, + eficaz. La evolución al bipedismo implica una mejoro locomotora aplicada al forrajeo.

Capítulo 16: Mandíbulas y dientes

Son los elementos + frecuentemente recuperados por el registro fósil. Son mucho + densos que el resto del esqueleto y los dientes muy duros. Los cambios de simio a Australopitecus y de éste a homo fueron algunos continuos, otros no. La cara se fue haciendo + y + corta durante la evolución, la mandíbula + robusta, primero, y después menos. Aumento de molares y reducción de dientes anteriores, del simio al Australopitecus, cambió con el homo. En los 1ros homínidos conocidos, Australopitecus afarensis, 3,5 millones de años, los caninos son todavía grandes y simiescos con un significativo grado de dimorfismo sexual. 1 millón de años después, los caninos de los homínidos eran + pequeños y romos, + parecidos a los incisivos. La dotación dentaria homínida puede verse como extensión de la tendencia adaptativa hacia una mayor eficacia de molido. El primer molar de simio sale a los 3 años, el primer molar humano a los 6, no se sabe a qué edad salían los molares en los homínidos primitivos. Para el homo erectus, que vivió entre 1,5 millón de años y 400.000, los matices son simiescos. En el hombre de Neandertal, 60.000 años. Los humanos modernos poseen una gruesa capa de esmalte sobre los dientes, = homínidos fósiles, mientras que los simios africanos tienen esmaltes delgados. Esmalte grueso, avanzado, vegetales + duros, esmalte delgado, primitivo, alimentación frugívora. La dicotomía esmalte delgado/grueso, es falsa. El grosor de la capa de esmalte depende de, 1, la velocidad a la que se deposita, y 2, la duración del tiempo de deposición. El esmalte del Homo erectus, salpicado de hoyos y rasguños, podría haber servido para la alimentación omnívora. El homo erectus señala cierto nro de 1ras veces en la historia homínida: expansión significativa del cerebro, reducción del dimorfismo sexual, uso sistemático de herramientas, migración + allá de África.

Capítulo 17: Los primeros homínidos

La especie + antigua, Australopitecus afarensis. Etiopia, 2,9 y 3,5 millones de años. Tanzania, 2,6 millones de años. Otros restos fragmentarios, + antiguos y claramente similares en varios lugares de África. Kenya, 5,6 millones de años. Huellas fósiles, 3,6 millones de años, tres individuos homínidos, A. afarensis, bípedos. Lucy, 40% de su esqueleto. Mucho + primitivo que otros homínidos, aspecto simiesco sobre el cuello, humano debajo de él. Extremo dimorfismo sexual, se lo considera el ancestro de todos los homínidos. Capacidad craneal, 380 y 450 cm3 (chimpancé, 300/400 cm3). Posee una cresta nucal donde se insertan los músculos del cuello. Como en lo simios, la parte superior de la cara es pequeña y la inferior es grande y alargada hacia delante. El estatus homínido del A. afarensis se basa en la musculatura del cuello, destinada a sostener la cabeza y, principalmente, su mandíbula y dientes, a medio camino entre los simios y los humanos modernos. La pelvis, rechoncha y ancha, es homínida, aunque el ángulo hilíaco es diferente (los huesos de la cadera). Indicios de actividad arborícola en la anatomía de A. Afarensis, los huesos de las manos y de los pies son curvos, como los de los simios, actividad de trepar. Sus brazos son homínidos por longitud, sus piernas siguen siendo cortas, favoreciendo la adaptación para trepar. Era bípedo cuando se encontraba en el suelo, pero trepaba para dormir, para escapar a los depredadores, buscar alimento. En el suelo, era incapaz de adoptar un paso normal. Hay consenso sobre una actividad arborícola parcial y locomoción bípeda con una postura de inclinación de cadera y rodilla. Gran movilidad de muñecas y tobillos, una articulación escapular + orientada hacia la cabeza que en el hombre, y extremidades posteriores cortas. Los opositores discuten la movilidad del tobillo y la pérdida del dedo mayor oponible en el pie, adaptación al bipedismo. La adaptación al bipedismo no fue completa en los primeros homínidos y no es funcionalmente equivalente a la moderna condición humana.

Capítulo 18: Los australopitecinos

La familia homínida se originó hace entre 10 y 5 millones de años, desde un simio bípedo. La 1ra especie dio lugar a toda una gama de descendientes, originando un frondoso arbusto evolutivo. Extinción de especies, aparición de otras nuevas. Finalmente, sólo quedaron los homo sapiens sapiens. 2 millones de años, diversas especies homínidas compartieron un mismo, o distintos hábitats africanos. Dos grupos, uno con cerebros grandes y muelas pequeñas, otro de cerebros chicos y muelas grandes. Los de cerebros grandes eran los homo habilis. Los australopitecinos fueron simios bípedos con dentición modificada. Dimorfismo sexual: competencia entre machos por el acceso a las hembras. Fueron animales sociales, a manera de los chimpancés. La pelvis australopitecina de 2 millones de años, es similar a la de Lucy (1 millón de años anterior). Adaptada al bipedismo, antes que al cuadrupedismo. El grosor óseo y el tamaño de la cabeza del fémur son diferentes que en el homo. Considerado menos eficiente que en el homo, hoy se cree que es sólo un diseño distinto con, incluso, una mejor eficiencia biomecánica. Estaban adaptadas a trepar, como el A. afarensis. Son diferentes las manos de Lucy y las de los australopitecinos posteriores. Las manos de los Australopitecus robustus (o boisei) son muy parecidas a las humanas que les dada, seguramente, suficiente destreza manipulativa para fabricar herramientas de piedra, actividad que se creía como de estricto dominio homo.

Capítulo 19: Los primeros homo

El género homo, que convivió con homínidos de cerebro pequeño (australopitecinos) en África hace 2 millones de años, poseía caracteres anatómicos exclusivos. Algunos aspectos de la pelvis, los huesos del muslo, la dentición, la cara y el cráneo, pero lo + destacado es el tamaño del cerebro, que pueda proveer ventajas tecnológicas sobre los australopitecinos. El promedio de un cerebro humano moderno es de 1350 cm3 (entre 1000 y 2000 cm3). Género homo, homo habilis, 600 hasta 800 cm3. Se cree que son los ancestros directos del sapiens, siendo el homo erectus una especie lateral, y no una intermedia. La mayor parte de los estudiosos considera una línea continua: homo habilis, homo erectus, homo sapiens. Pudo haber hasta tres especies de homo hace 2 millones de años. Diferencias en las características del cráneo, en los australopitecinos la zona de las sienes es estrecha y la cara ancha, los huesos son gruesos. En los homo, los cráneos son + delgados y la constricción no existe por la expansión de la bóveda craneana. Las arcadas dentarias están desplazadas por debajo de la cara como en otros homínidos primitivos, un rasgos que se exagerará en las especies homo posteriores. La mandíbula y la dentición del homo habilis es menos poderosa que la de los australopitecinos. Homo habilis y australopitecinos compartieron el mismo tipo de alimentación, frugívora, y los patrones de desgaste dentario. Recién cambiará el patrón con el homo erectus, que podría haber incluido una significativa cantidad de carne en la dieta, hace 1,6 millones de años. Manos capaces de fabricar y utilizar herramientas, artefactos de piedra, “raspadores” y lascas afiladas. Tal habilidad fue explicación para la expansión de la capacidad cerebral del homo. Si los australopitecinos fueran igualmente hábiles, la explicación perdería fundamento. Debió haber, presumiblemente, algún tipo de presión de selección de destrezas mentales que separara los linajes Homo y australopitecinos. Lo difícil de determinar es si iba asociada al desarrollo de actividades de subsistencia + complejas o se enmarcaba en el dominio de unas interacciones sociales + complejas.

Capítulo 20: Una revisión de los homínidos tempranos

Australopitecus afarensis, la especia + antigua, entre 3,7 y 2,8 millones de años. Todas las demás especies homínidas han sido datadas con menos de 3 millones de años. Es posible que A. afarensis haya sido el 1er miembro del linaje homínido y que no haya evolucionado ninguna otra especie hasta después de los 3 millones de años. Como se considera que el arbusto evolutivo de las especies se ramifica en el comienzo y no a mitad de camino, sigue planteada la duda acerca de la primacía del A. afarensis en la familia homínida. Debería buscarse un antepasado común a homo y a australopitecus hace 3,7 millones de años. El debate sobre la filogenia de los homínidos se ha ido centrando en dos cuestiones clave, el origen del linaje homo y el origen de los australopitecus robustus/boisei.

Capítulo 21: las primeras tecnologías de construcción de herramientas

Artefactos líticos, útiles en las estrategias de subsistencia simples, múltiples funciones, cortar, raspar o golpear, hacer otras herramientas (palos para cavar o lanzas). Un registro de las tecnologías de piedra de los primeros grupos humanos proporciona una importante, aunque incompleta, visión de sus actividades de subsistencia. En cualquier caso los artefactos de piedra constituyen toda evidencia que los arqueólogos poseen sobre la vida tecnológica de nuestros + recientes antepasados. Las + antiguas herramientas líticas datan de unos 2,5 millones de años encontradas en Etiopia y Kenya. Los tipos de herramientas no constituyen categorías cerradas, tal como si hubieran sido producidas por un artesano con patrones mentales diferentes para diversos implementos específicos. La obtención, sin dirección predeterminada, de lascas a partir de cantos de distintos tamaños llevaba automáticamente a formas nucleares específicas. La variación observada en las formas nucleares puede ser debida a la variación del tamaño de las materias primas disponibles. Manufactura de artefactos para cavar. La adopción de sencillas tecnologías de confección de herramientas líticas hizo posible una variedad de actividades de subsistencia, para utilizar sobre carne, madera o vegetación. La pequeña y aguda lasca constituye el útil + importante y representa una revolución tecnológica y económica, porque corta el cuero y da acceso a la carne, junto al palo excavador, estabilizan la potencial fuente de energía, algo importante para la posterior expansión del cerebro. 1ro, el núcleo debe tener un margen agudo (- de 90º), cerca del cual el martillo pueda golpear. 2do, el núcleo debe ser percutido con el golpe oblicuo a aprox 1 cm de su margen agudo. 3ro, el golpe debe ser dirigido hacia una zona maciza. Los fabricantes de herramientas de entre 2,5 y 1,5 millones de años eran diestros maestros en el arte de la piedra. Los hombres son los únicos que poseen tendencia poblacional hacia la lateralidad cerebral estando las destrezas espaciales localizadas en el hemisferio der., y las destrezas secuenciales, el lenguaje entre ellas, en el izq. La especie + antigua conocida de homo es homo habilis, que persistió hasta hace unos 1,8 millones de años, dando lugar a homo erectus. Los australopitecinos robustus también tenían potencial manipulativo suficiente para fabricar herramientas y basa su suposición en la anatomía de los huesos de la mano, poseían herramientas líticas y palos para excavar.

Capítulo 22: Homo erectus

Fósiles de homo erectus encontrados en África y China. Originado en África hace 1,8 millones de años emigró a Asia y luego a Europa. Hoy, el supuesto evolutivo Homo habilis/erectus/sapiens está siendo puesto en tela de juicio. Durante su millón de años de existencia el homo habilis registro una serie de primeras veces en la prehistoria humana: aparición de homínidos fuera de África; aparición de caza sistemática; aparición de un “campamento”; fabricación sistemática de herramientas; utilización de fuego; prolongación de la infancia. Llevó un tipo de vida + complejo y variado que el que previamente había sido posible. El tamaño cerebral se incrementó, entre 850 y 1100 cm3. También el tamaño corporal, 1,80 los machos, 1,55 las hembras. El cráneo es largo y bajo, aplastado en la frente y en la parte posterior, los huesos craneales son + gruesos que en los homínidos primitivos. La cara es corta y ancha, la apertura nasal se proyecta hacia delante, sugiere la posibilidad de una nariz típicamente humana externa con las ventanas nasales dirigidas hacia abajo. Pronunciados arcos superciliares presentes sobre las órbitas. El esqueleto postcraneal es similar al de los modernos humanos, aunque es robusto, fuertemente musculado. Principales caracteres distintivos entre homo habilis y homo erectus incluyen el tamaño cerebral, la presencia de arcos superciliares, el acortamiento de la cara y la prominencia de la apertura nasal. La estructura de la nariz permitía la condensación del vapor contenido en el aire exhalado, lo que habría sido beneficiosa en la especie con una estrategia activa de subsistencia en hábitats cálidos y áridos como los ocupados por los primeros homo erectus. La pelvis indica que el canal natal era + pequeño que en los humanos modernos. Los bebés homo erectus debieron continuar su desarrollo fetal después del nacimiento. Hasta la adultez, = que los humanos modernos, triplicaba su tamaño cerebral (el simio sólo lo duplica). Se especula con que una motivación para salir de África fue la búsqueda de carne para alimentación. El porcentaje de dimorfismo sexual bajó, los machos eran sólo el 20 o el 30% mayores que las hembras, lo que significaría una reducción significativa de la competencia entre machos. ¿Cooperación entre machos, producto de la complejización del estilo de vida? Se especula con el uso del lenguaje. Por su aspecto “humano”, homo erectus ha sido considerado el antepasado directo del homo sapiens. Se cuestiona esto argumentando que los especimenes englobados como homo erectus pertenecen a diversas especies de homo y no a uno solo. Podría ser que los asiáticos fueran otra especie, y “poblaciones similares a Homo erectus” originarias de África que dieran origen al homo sapiens. Así, una de estas especies africanas sería el homo ergaster, y serían los antecesores de los sapiens arcaicos europeos y, posteriormente, los humanos anatómicamente modernos.

Capítulo 23: ¿Cazador o carroñero?

Artefactos de piedra + antiguos, 2,5 millones de años, coincidiendo con las primeras evidencias del género homo. Se encuentran en forma aislada o de manera significativa, en asociación con huesos de animales. Campamentos donde los alimentos animales y vegetales eran compartidos y consumidos en el seno de un complejo ambiente social. Utilizaban piedras para cortar la carne y romper los huesos para extraer el tuétano. No tienen mayores implicaciones sociales. Hipótesis de alimento compartido, la cooperación nos hizo humanos. Compartir los recursos alimentarios animales y vegetales que eran llevados de forma habitual hacia un foco social, el campamento. Los machos cazaban, las hembras recolectaban alimentos vegetales. Sistemas de reciprocidad, intercambio, liderazgo, subsistencia, división del trabajo, tecnología y lenguaje. Otra teoría, homínido carroñero de los restos de otro depredador/carroñero en busca de fragmentos anatómicos abandonados de bajo valor nutritivo, primariamente con el propósito de extraer el tuétano. No hay evidencia de “llevar comida a casa”. En la naturaleza existen muy pocos cazadores y carroñeros puros, ya que la mayoría de los carnívoros hacen un poco de las dos cosas. Los restos óseos animales podrían indicar campamentos homínidos, aunque es improbable. Los sitios de cazadores/recolectores poseen una intensa actividad social y refugios de seguridad que son ocupados por períodos de unas pocas semanas y luego abandonados. La hipótesis del alimento compartido, reemplazada por la hipótesis de un lugar central de forrajeo. La motivación consciente de la necesidad de “compartir” no se ha desarrollado. El sistema conductual era menos humano de lo imaginado: transporte premeditado de alimento, compartir, aprovisionamiento.

Capítulo 24: Nuevas tecnologías

El Homo erectus se desplazó fuera de África e innovó en la fabricación de herramientas: hachas de mano, piquetas y hendedores. Cada de las piezas talladas bifacialmente, pero es el hacha de mano en forma de lágrima la que mejor caracteriza la nueva tecnología (descubierta en Francia). Construcción de útiles bifaciales. Los raspadores de la etapa anterior no desaparecieron durante esta nueva. Existen otros nombres para esta “industria” dependiendo de su procedencia, en África, Europa o Asia. Expresiones locales o étnicas dan nombre a un mismo tipo de tecnología. Continúan las formas a lo largo de un vasto período de tiempo y a lo ancho de una inmensa área geográfica, con pocas variaciones locales. Los utensilios bifaciales se extendieron por Europa y África, mientras que los raspadores (no bifaciales) predominaron por la época, en Asia. La primera forma tecnológica, los raspadores, fueron producidos por los homo habilis. Los homo erectus africanos crearon los bifaciales. El final de la nueva industria fue hace 200.000 a, pocos tipos distintos de útiles de gran longevidad. Ambas industrias se prolongaron por + de 1 millones de años y ambas tienen una docena o menos de útiles identificables. La siguiente etapa, el Paleolítico medio (o Edad de piedra media) se extenderá desde hace 200.000 a 40.000 a, incluye muchos + tipos identificables de herramientas.

Capítulo 25: El origen de los humanos modernos

Anatómicamente, desde el paso de homo erectus a homo sapiens, disminuyó la robustez dentaria y del esqueleto, la modificación de algunos rasgos funcionales, locomotores, y un aumento del volumen cerebral. Desde el punto de vista conductual, la transición aportó un aumento de la precisión tecnológica en la fabricación de herramientas, estrategias de consecución de alimento + eficaces y la expresión artística. Los poblaciones ancestrales de homo erectus evolucionaron, gradual e independientemente, hacia homo sapiens arcaicos, y posteriormente hasta humanos plenamente modernos. Hipótesis de la fase neandertal: Neandertal = sapiens arcaicos europeos, consecuencia de una extensa transformación filética. Otra hipótesis, un origen único y una amplia migración. Abriéndose originado por especiación. Cuevas pintadas en Francia y España, los investigadores creyeron que el homo sapiens era europeo. Los datos procedentes de la biología molecular apoyan dicho modelo. En lugar de tener origen entre 35.000 y 45.000 a atrás, el origen del homo sapiens habría ocurrido en 100.000 a atrás (pruebas fósiles y biología molecular). El origen del neandertal, 250.000 a atrás, antes establecido en 125.000 a. su área geográfica era Europa Occidental y el Próximo Oriente. Al igual que el homo erectus y otras formas de sapiens arcaicos sus esqueletos eran muy robustos y fuertemente musculados. Su cerebro era igual o levemente superior al promedio moderno. Adaptación a la inhalación de aire frío que podría así calentarse a su paso por unas cavidades nasales mayores. Fuertes presiones masticatorias centradas en la parte frontal de la mandíbula. Un canal pélvico desacostumbradamente ancho. Un callejón sin salida en la evolución humana. Desaparición en una ola de este a oeste entre 50.000 y 32.000 a atrás por la llegada de humanos anatómicamente modernos cuya anatomía global es característica de una adaptación ecuatorial, y no de una adaptación al frío. Una ventaja de subsistencia de solo un 1% a favor de los humanos modernos, sustitución total en 30 generaciones, un milenio. Los neandertales son una forma de sapiens arcaicos. Los neandertales y los homo sapiens sapiens se superpusieron o coexistieron directamente, durante, por lo menos, 50.000 a. Podría implicar que los humanos modernos se hubieran originado en el norte de África y extendido, pero no hay suficiente evidencia fósil.

Capítulo 27: Arqueología de los humanos modernos

Paleolítico Medio (200.000). Cuadruplicación del nro identificable de herramientas. Paleolítico Superior (40.000), el nro de herramientas vuelve a doblarse. Mientras que la variación regional y estilística de las industrias primitivas fue menos significativa que su estabilidad global, la variabilidad en el Paleolítico superior se convierte en un tema predominante. Técnica Levallois, se prepara un núcleo grande que tenga una cara superior plana y una cara inferior convexa. Se precisa una fuerza considerable para separar las gruesas lascas, fuerza que se utiliza para golpear de canto sobre un yunque la notable plataforma del núcleo. Permite economizar mucha + materia prima que las técnicas de obtención de lascas precedentes, produciendo muchos más cm de filo por kg de núcleo. Por primera vez en la prehistoria humana es posible encontrar un designio preciso y un uso elaborado en los conjuntos de herramientas del paleolítico superior. Con una utilidad claramente limitada para las actividades normales de subsistencia, estas hojas pudieron haber tenido su importancia en ceremonias rituales. Denotan muestras de contacto, incluso comercio de larga distancia (conchas y piedras exóticas procedentes de muy lejos) y la presencia de instrumentos musicales (flautas simples hechas de hueso). Figuras esculpidas y grabadas, e incluso de barro cocido, cuevas pintadas hasta hace 30.000 a.

Capítulo 28: Desarrollo del cerebro

Las evidencias fósiles del tamaño cerebral homínido datan de 3 millones de años con los A. afarensis etíopes. Durante 3 millones de años el tamaño del cerebro se triplicó, pasando de 400 cm3 hasta unos 1350 cm3 (valor moderno). Por el hecho de ser mamíferos, los primates están mejor equipados mentalmente mejor que cualquier reptil. 2 órdenes de mamíferos tienen cerebros significativamente mayores que el resto: primates y cetáceos. Entre los primates, los antropoides (monos y simios). El cerebro del homo sapiens es tres veces mayor que el de un simio del mismo tamaño corporal. En los humanos la fase postnatal de desarrollo cerebral rápido (tasa fetal) continúa durante un período de tiempo relativamente más largo de lo que es típico en dichas especies. Este efecto confiere a los humanos el equivalente de un período de gestación de 21 meses (9 intrauterinos, 12 fuera). Homo habilis, 2,5 a 1,6 millones de años, de 650 a 800 cm3. homo erectus, 1,6 a 300.000 a, 850 a 1000 cm3. homo sapiens arcaicos (neandertales incluidos), 1.100 a 1.400 cm3, superando a los humanos modernos. La expansión en la complejidad y la estandarización se impusieron muy lentamente en las industrias líticas prehistóricas. Esto sugiere que la selección para una inteligencia organizativa compleja no formó parte de la adaptación homínida original. Siendo que la pelvis era más estrecha que en las mujeres modernas, se sugiere que el desarrollo postnatal humano podría haber comenzado ya con el homo habilis, en paralelo con un impacto sobre la organización social. El hombre, constructor de herramientas, cazador, se hace referencia al dominio de los asuntos prácticos como motor de la expansión cerebral de los homínidos.

Capítulo 29: Los orígenes del lenguaje

Inscripciones en arcilla, Sumeria, 6.000 a, no representan el origen del lenguaje hablado. Se han buscado pistas en las herramientas líticas, en las indicaciones de la organización social y económica así como en el contenido y en el contexto de las pinturas y otras formas de expresión artística como en los mismos fósiles. La información procedente de los moldes internos, los mapas de las características de la superficie del cerebro. Indicaciones acerca de la anatomía de las estructuras del cuello que producen la voz: laringe y faringe. Se encontraron señales en homo habilis y los homo posteriores, pero no en los australopitecinos. La capacidad de habla adquirió un cierto grado de desarrollo al inicio del linaje homo. Los australopitecinos tenían tractos vocales como los monos y simios de hoy. La posición de la laringe les impedía sonidos vocálicos propios del habla humana. El registro fósil del homo habilis es incompleto. Homo erectus, la laringe pudo haber descendido en el cuello para la modificación de sonidos laríngeos. Homo sapiens arcaicos, 300.000 a, modelo moderno, el potencial mecánico necesario para toda la gama de sonidos producidos hoy. Ya los neandertales poseían un habla potencial plena. Sin embargo, se cree lo contrario, como causa de su extinción, pero fue puesta en duda. Los orígenes del lenguaje se inician con el género homo y se desarrollan gradualmente. Hipótesis: la sintaxis, el uso articulado de las palabras, es tan diferentes de la vocalización de los primates que son dos cosas distintas. El lenguaje humano no forma un contonuum con la vocalización de los primates. Hace entre 150.000 y 40.000 a, nro creciente de hueso y marfil grabados, indicativos de conocimiento y habilidad relativa a lo abstracto, de la misma manera que hay evidencia de enterramientos rituales. Pero no es hasta hace 30.000 que la expresión artística florece realmente, en forma lenta al principio. Importancia de la interacción social como motor de la evolución de la inteligencia. La conciencia y el lenguaje van de la mano con ello.


Mat Elefzerakis

viernes, 20 de junio de 2008

Día de Belgrano



20 de Junio de 1820, 20 de Junio de 2008, 188 aniversario del fallecimiento de Don Manuel Belgrano, patriota, héroe, martir, inspirador.

Mat Elefzerakis

domingo, 15 de junio de 2008

Feliz cumple, Ernesto


15 de Junio de 1928 - 15 de Junio de 2008.

Felices 80, Ernesto. Porque ser Inmortal es ser recordado, porque los Ideales nunca mueren.

domingo, 25 de mayo de 2008

198 años de la Revolución de Mayo



En 1810, un gran estratega militar francés, Napoleón Bonaparte causaba dolores de cabeza a los monárquicos (ingleses, austriacos, españoles y demás).

José Bonaparte, como José I, era el rey de España.

Un grupo de visionarios criollos, hijos de españoles nacidos en suelo sudamericano, vieron la oportunidad de lograr la emancipación de la decadente potencia europea.

El 14 de Mayo de 1810, la noticia de la caída Junta Central de Sevilla, que gobernaba en nombre del rey Fernando VII de Borbón, quien había abdicado a favor de José Bonaparte, llegó a Montevideo en un periódico inglés.

El 22 de Mayo se realizó un Cabildo Abierto al que se había invitado sólo a los “vecinos” (en la época, españoles propietarios de tierras e inmuebles), pero, entraron hombres de reales convicciones, criollos revolucionarios (con entradas falsificadas). En la puerta, los Patricios, el cuerpo de milicia creado durante las invasiones inglesas por Saavedra, evitaban la entrada a los españoles y dejaban entrar partidarios. En el debate se dieron dos posturas, la ruptura definitiva con España (Castelli, Paso) o la moderada (sacerdotes, uno de los cuales llegó a declarar que mientras haya un español en América, ese tiene que mandar, y españoles).

Al día siguiente, 23, se conoció que el Cabildo proclamaba una Junta provisional de gobierno (al modelo de la Junta Central de Sevilla), pero estaba presidida por el ex virrey Cisneros. Mariano Moreno, que permanecía dirigiendo a sus hombres desde las sombras, abogados y economistas, Juan José Castelli, su primo, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña, junto con Cornelio Saavedra y sus Patricios, tuvieron activa participación, activa presión. Moreno tenía también milicianos entre los suyos, como Domingo French.

Durante la madrugada del 24 al 25 de Mayo de 1810, muchos no durmieron. Los milicianos, amenazantes y armadas en la Plaza, exigían una solución a los cabildantes.

El 25, French y Antonio Luis Berutti repartieron al resto de los morenistas la célebre escarapela, con los colores de la casa de Borbón, la casa gobernante de España, si se quería gobernar, se tenían que ocultar intenciones emancipadoras: así juró la Primera Junta, Saavedra presidente, Moreno secretario, Castelli, Belgrano, vocales, asumieron la representación del Virreinato del Río de la Plata.

Mat Elefzerakis


miércoles, 30 de abril de 2008

TRES MUNDOS


Hola gente linda!!!
los invito a la presentación de TRES MUNDOS este martes 6, en Bartolomeo (Bmé. Mitre 1525), a las 21hs.
TRES MUNDOS incluye textos de Scott, Burzi y Anich, y después de El Impulso Nocturno es el segundo libro que sacamos con Alejandría.
También: nos presenta Enrique Solinas y la música la trae El Pony Infinito- la banda pop de escritores/editores/poetas. Además de El puestito -para que consigan los libros que están buscando...
Esperamos verlos ahí!
un beso, Clara
GA.

viernes, 25 de abril de 2008

Mapamundi



La línea del ecuador no atraviesa por la mitad el mapamundi que aprendimos en la escuela. Hace más de medio siglo, el investigador alemán Arno Peters advirtió esto que todos habían mirado pero nadie había visto: el rey de la geografía estaba desnudo.

El mapamundi que nos enseñaron otorga dos tercios al norte y un tercio al sur. Europa es, en el mapa, más extensa que América latina, aunque en realidad América latina duplica la superficie de Europa. La India parece más pequeña que Escandinavia, aunque es tres veces mayor. Estados Unidos y Canadá ocupan, en el mapa, más espacio que África, y en realidad apenas llegan a las dos terceras partes del territorio africano.

El mapa miente. La geografía tradicional roba el espacio, como la economía imperial roba la riqueza, la historia oficial roba la memoria y la cultura formal roba la palabra.


Eduardo Galeano,

en “La escuela patas para arriba”.

*****

viernes, 4 de abril de 2008

Carlitos... Tu imagen es Nuestra Bandera





1 año pasó.
Las tizas siguen escribiendo.
Los docentes siguen formando.
El exgobernador sigue libre.
La Justicia sigue en lista de espera.

Mat Elefzerakis

lunes, 24 de marzo de 2008

32 años. 24 de marzo de 1976, 24 de marzo de 2008.


Marchemos.

Marchemos por la Justicia. Marchemos por la Memoria. Marchemos por la resolución de los crímenes que si continúan sin Justicia no nos permitirán vivir como Sociedad plena.

Marchemos.

Porque el pasado es el espejo retrovisor. No se puede manejar, no se puede avanzar al futuro sin mirar al espejo retrovisor, sin mirar al pasado. Y la sangre en el espejo no nos deja ver.

La incertidumbre, la desaparición, posterior a la tortura y la laceración, duele hoy como ayer. Pasen 32 años, o hayan pasado 1000, en tanto no haya Justicia. En tanto no sepamos dónde están los 30000 desaparecidos, en tanto no sepamos dónde están los Hijos. ¿Dónde?

Marchemos TODOS.

Mat Elefzerakis

Ni Olvido, ni Perdón, ni Reconciliación. Verdad, Memoria y Justicia.


Abuelas

miércoles, 12 de marzo de 2008

JORGITO INMORTAL


Es sólo un hasta luego...

Los Grandes, los Genios, jamás mueren, viven para siempre, porque ser inmortal es ser recordado, y no te olvidaremos nunca, Jorge, sos parte de nuestros corazones. Sos Inmortal, Jorgito, te adoramos, y hasta que volvamos a verte, te vamos a extrañar.

Mat Elefzerakis

viernes, 7 de marzo de 2008

Cumple 81 de Gabo y 41 de Julio

6 de Marzo de 2008, Cumple 81 de Gabo y 41 de Julio

FELIZ CUMPLE A DOS GRANDES.

81 para el más grande de los escritores mundiales (vivo).

41 para el más grande de los bailarines argentinos de todos los tiempos.


viernes, 29 de febrero de 2008

*Frankenstein*, de Mary Shelley


Nuestra época, tan alejada de los clásicos de la literatura y tan cercana a los malos argumentos hollywoodenses, ha tergiversado horriblemente el genial argumento del *Frankenstein*, de Mary Shelley. Omitiendo el mismísimo subtítulo de la obra: “El Prometeo moderno”, que ya es una pista acerca de los temas que la autora quería tratar.

Es una obra sobre la ciencia, la ética y la moral, el amor (romántico y, con todavía más espacio, al conocimiento).

El monstruo, que no tiene nombre, para nosotros, insisto, por culpa del cine, se llama como su creador. No es ni lento ni estúpido, sino que es más ágil que los hombres, más resistente (no siente el frío, ni siquiera el polar) y tiene una estatura mucho mayor (2,40 metros) aunque en cuerpo desproporcionado, monstruoso, formado, ahí sí en coincidencia con el monstruo del cine, por partes de cadáveres. Shelley da exactas descripciones acerca de la fisonomía del monstruo, repetidas veces a lo largo de la novela, y nos describe sus sufrimientos y desesperanza, ya que es un ser pensante y sensible, que se siente marginado e incomprendido por la humanidad.

En su inteligencia, el monstruo lee y entiende “El Paraíso Perdido”, poema de John Milton, el “Werther” de Goethe, y las “Vidas paralelas”, de Plutarco. Antes incluso de tales determinantes lecturas, había entendido aquello que tantas veces buscamos, y que, al percatarnos, nos llena de un sentimiento de melancolía, la naturaleza del conocimiento:

“¡Qué extraña cosa es el conocimiento! Una vez que ha penetrado en la mente, se aferra a ella como la hiedra a la roca. A veces quería sacudir de mí todos los pensamientos, todas las sensaciones, pero aprendí que sólo había un modo de olvidar esa sensación, y ese medio era la muerte”.

¿Son esas palabras para la boca de un monstruo?



Mat Elefzerakis;
Viernes 29 de Febrero de 2008.

domingo, 24 de febrero de 2008

“Drácula”, de Bram Stoker


Terminé hipnotizadamente “Drácula”, la monumental novela de Bram Stoker, el maestro del Terror.

Está magníficamente escrita, siguiendo pretendidamente los diarios de los protagonistas, lo cual explica la fascinación que la leyenda del Conde transilvano ejerció en las generaciones posteriores a su publicación, y en los cineastas, que tantas veces lo llevaron a la gran pantalla. Incluyendo al genial director Francis Ford Coppola, que filmó la versión que más respecta al original de Stoker, en 1992.

La novela de Stoker es tan Inmortal como el mismo Drácula, a pesar que el Rey de los Vampiros termine destruido al final de cada película que se haga sobre él, como así también termina hecho polvo en la misma novela.

Mat Elefzerakis;

Domingo 24 de Febrero de 2008.

lunes, 18 de febrero de 2008

125ª Aniversario del Nacimiento de Νίκος Καζαντζάκης

Níkos Kazantzakis nació en Iraklión (Candía), Creta, Grecia, el 18 de febrero de 1883.


Pasó a la Inmortalidad, el 26 de octubre de 1957, en Friburgo de Brisgovia, Alemania.

Fragmento de “Zorba”, traducción de Mat Elefzerakis.

VI.
(...)
–Zorba –le dije–, vos querés decirme algo, entonces decímelo. ¡Ea, amigo, desembuchá!
Zorba callaba, agarró una piedrita y la tiró con fuerza por la puerta abierta.
–¡Dejá esas piedras y hablá!
Zorba alargó el arrugado cuello.
–¿Confiás en mí, patrón? –me preguntó con tono ansioso, clavando la mirada en mis ojos.
–Sí Zorba. Hagas lo que hagas, no podés equivocarte. Aunque lo quisieras, no podrías. Sos, digamos, como un león o como un lobo. Estas bestias no proceden jamás al modo de chivos o de burros, no se apartan jamás de los carriles en que los puso su natural complexión. Igualmente vos, sos Zorba hasta el extremo de las uñas.
Zorba meneó la cabeza.
–Bien, pero no entiendo ya a dónde diablos vamos.
–Lo sé yo, no te preocupés. ¡Seguí adelante!
–Repetílo otra vez, patrón, para que me entre valor.
–¡Seguí adelante!
Los ojos le fulguraron.
–Ahora puedo hablarte –dijo–. Desde hace días aliento un gran proyecto, una idea descabellada que me anidó en la cabeza. ¿La realizamos?
–¿Y lo preguntás? Para eso estamos acá, Zorba, para ejecutar ideas.
Zorba, alargando el cuello, me contempló con alegría y con temor a la vez.
–¡Hablá claro, patrón! ¿No vinimos acá para la mina?
–La mina es un pretexto para no intrigar a la gente. Para que nos tengan por serios industriales y no nos acribillen con tomates. ¿Entendés, Zorba?
Zorba quedó boquiabierto, se esforzaba por entender, sin atreverse a creer en tamaña dicha. De pronto, iluminó la comprensión y se arrojó hacia mí, agarrándome de los hombros.
–¿Bailás? –me preguntó apasionadamente–. ¿Bailás?
–No.
–¿No?
Dejó los brazos caídos, asombrado.
–Bueno –dijo al rato–. Entonces voy a bailar yo, patrón. Siéntese un poco más allá, que no te atropelle. ¡Opa! ¡Opa!
De un brinco saltó afuera de la barranca, se quitó los zapatos, la chaqueta, el chaleco, se arremangó los pantalones hasta las rodillas y comenzó a bailar. La cara, aún sucia de carbón, parecía negra. Los ojos brillantes, blancos.
Entró en el torbellino de la danza dando palmadas, saltando luego, girando como un trompo en el aire, dejándose caer en elásticas flexiones de piernas, volviéndose a dar saltos con las piernas dobladas, como si fuera de goma. Se levantaba de repente en un impulso que parecía destinado a romper las leyes de la naturaleza para echarse a volar. Se veía en el carcomido cuerpo la lucha del alma por liberar a la carne y lanzarse con ella, como un meteoro a las tinieblas. Sacudía con fuerza el cuerpo, que volvía a caer por no hallar cómo sostenerse en lo alto; lo sacudía nuevamente, despiadado, y conseguía llevarlo esta vez un poco más arriba. Pero el pobre volvía a caer, jadeante.
Zorba, ceñudo, mostraba inquietamente gravedad. Ya no salían gritos de su boca. Con las mandíbulas apretadas empeñándose en lograr lo imposible.
(...)

XXV.
(...)
–Vení, Zorba, enseñáme a bailar.
Zorba dio un salto; le centelleaba el rostro.
–¿Bailar, patrón? ¿Bailar? ¡Dale! ¡Vení!
–¡Vamos Zorba, mi vida cambió, ánimo!
–Te voy a enseñar, el zembékikos. Una danza salvaje, marcial. La bailábamos nosotros, los comitadjis, antes del combate.
(...)


Νίκος Καζαντζάκης